·UN POCO DE HISTORIA·
Enclavada en el corazón de la provincia de Málaga, allí donde los relieves rocosos del sur descienden hacia las costas del Mediterráneo, la Serranía de Ronda ha hecho gala de su fama vitivinícola desde el tiempo en que los fenicios la ocuparon por primera vez, allá por el año 700 A.deC. A través de las crónicas de Plinio sabemos que esa reputación se mantuvo intacta durante el imperio romano, lo cual queda reflejado en las monedas acuñadas en Acinipo, una antigua ciudad romana ubicada a dos kilómetros de La Melonera, las cuales incluyen en su estampa un racimo de uvas a modo de símbolo.

Hasta la plaga de la filoxera, a mediados del XIX, las variedades autóctonas fueron exportadas a todo el orbe gracias a su calidad y su cercanía con los puertos de embarque hacia el nuevo mundo. Los viajeros románticos del XIX como el hispanista Richard Ford o el primer ministro inglés Benjamin Disraeli pasaban por allí camino de Granada en lo que se conoció como el Great South Tour, y literatos de la talla de James Joyce, García Lorca o Hemingway, cantaron sus alabanzas a esta tierra de cielos interminables, de sol y de buen vino.

Con una orientación sur sur-este, la finca abarca unas 200 hectáreas cuyas altitudes fluctúan entre los 650 y los 940 metros, lo que posibilita una oscilación térmica diaria de hasta 20 grados tanto en invierno como en verano. Esto sumado a los más de 800 litros de lluvias anuales y a los vientos húmedos que llegan impolutos desde el Atlántico, la convierten en un enclave inmejorable para la crianza de la vid.