·LOS SECRETOS DEL CULTIVO ARTESANAL·
Conscientes de la riqueza de la tradición heredada, toda la sabiduría de los antiguos pobladores de la finca ha sido tenida en cuenta hasta el último detalle, desde los manantiales romanos y los drenajes de teja árabe que posibilitan un sistema de captación de aguas respetuosa con el medio, hasta la poda quinquenal de las encinas y los robles centenarios que amortiguan los cambios de temperatura y mantienen la humedad en las viñas. Todo eso redunda en un modo de hacer que no responde en ningún caso a un ecologismo de manual, sino a un verdadero compromiso con lo que este tipo de práctica representa en una actividad tan paciente y minuciosa como es la crianza de la vid. No sólo no se recurre a pesticidas ni a químicos, sino que incluso en los cultivos que no son viñedos, las semillas utilizadas son extraídas de los propios frutos que la tierra ha dado, asegurando así la pureza de todo el proceso.
·LA VARIEDAD DE MATICES·
Dicen que en la variedad está el gusto; en La Melonera la variedad es la regla. Con plantaciones en dehesa y fuera de ella, en terrenos llanos y en bancales y con texturas que comprenden suelos arcillosos, de arena franca y algunas parcelas marcadas por la caliza, con tipos de emparrados dobles que generan una competencia radicular entre las cepas, con aros estructurales que las contienen y que les confieren una superficie foliar privilegiada y con las diferencias de altitud de un terreno que acentúa aún más las generosas variedades de humedad y temperatura de la zona, la riqueza de matices y opciones de la que disponemos a la hora de elaborar nuestros vinos nos asegura una originalidad y una excelencia que se ve plasmada en el embotellado final.



imagen: Encina del Inglés
·WINECREATORS·
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